La vida de Frida Kahlo fue y seguirá siendo, para quienes la recordamos, una radiografía del dolor físico y emocional. La poliomielitis y la espina bífida son apenas algunas de las adversidades por las que atravesó esta gran artista, quien se refugió en su amor a la vida para no dejarse vencer por ninguna dificultad física ni emocional.

Es así como sus ganas de seguir y las difíciles experiencias que tuvo que afrontar han quedado plasmadas en cada una de sus increíbles frases que las siguen manteniendo viva en nuestra memoria.

Pies, ¿para qué los quiero si tengo alas para volar?

Instagram/museofridakahlo/

Esta es quizá una de las frases que más describe su amor por la vida y el optimismo desbordante que la caracterizó. Pese a no tener movilidad en sus piernas por causa de la Poliomielitis, sus ganas de vivir nunca se apagaron.

 

 “Creí tener energía suficiente para hacer cualquier cosa en lugar de estudiar para doctora. Sin prestar mucha atención empecé a pintar”

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Su primer encuentro con la pintura fue algo inesperado y sin pensar siquiera en el gran talento que tenía. Tras su accidente automovilístico, Frida tuvo que quedarse en cama, guardar reposo, y encontrar algo en qué pensar, fue así como llegó la pintura a su vida.

 

 “Desde niña, como se dice comúnmente, yo le tenía echado el ojo a la caja de colores”

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Al estar tanto tiempo en cama, una extraña sensación de querer pintar con los colores de su padre, a quien le gustaba dibujar y pintar paisajes, comenzó a consumir sus pensamientos. Fue de esta forma como Frida logró conectarse con lo que sería el resto de su dura existencia.

 

 Yo envejecí en algunos instantes, y ahora todo es insípido y raso. Sé que no hay nada detrás, si lo hubiera lo vería…”

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De niña a mujer, Frida Kahlo ve pasar ante sus ojos una vida que jamás volverá y de la cual todo se ha aprendido y no hay nada más que aprender. Queda ahora disfrutar el instante, el momento, el presente.